Cuando se busca a un director general, la experiencia funcional se da por hecha. Lo que se evalúa es el tamaño de lo que has gestionado y la calidad de tus decisiones bajo presión. Un CV que enumera responsabilidades no dice nada de ninguna de las dos cosas.
Todo el mundo sabe qué hace un director general. Por eso describir la función es el error más caro que puedes cometer: no aportas ninguna información.
Lo que quien contrata no sabe es de qué tamaño era la empresa, qué encontraste al llegar y qué dejaste al irte. Dirigir una compañía de 8 M€ con 40 personas y otra de 120 M€ con 600 son dos oficios distintos que comparten título.
Y hay una segunda capa que casi nadie escribe: las decisiones difíciles. Cerrar una línea, reestructurar, cambiar el modelo de negocio. Eso es lo que separa a un gestor de un director general.
La dirección general se mide por magnitud y por delta: dónde estaba la empresa cuando llegaste y dónde cuando saliste.
La dirección general aparece bajo denominaciones muy distintas según el tamaño y el origen de la empresa. Una multinacional busca «Managing Director»; una empresa familiar, «Gerente». Muchos sistemas de selección, cuando filtran por término exacto, no los relacionan entre sí.
Conviene que tu CV recoja las denominaciones que has ejercido de verdad, incluidas las inglesas si trabajaste en entorno internacional.
Son denominaciones relacionadas, no equivalentes: las responsabilidades y el alcance cambian de una a otra. Usa solo las que hayas ejercido de verdad — un cargo que nunca tuviste se cae en la primera entrevista.
Una candidatura a empresa familiar y otra a participada por un fondo necesitan subrayar cosas opuestas: continuidad y confianza en una, transformación y retorno en la otra. Con el mismo historial.
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